Miguel Bosé entrevista por amaia Montero - 08/Agosto/2007

Entre los dos hay la complicidad de quien se conoce desde hace tiempo. No recuerdan bien la fecha de su primer encuentro, pero Amaia la sitúa poco antes de que Miguel presentara El Séptimo de Caballería, en TVE. Es decir, rondaba el año 1998. Pero entre los dos existe otro tipo de feeling: son seductores natos; ambos saben qué decir y hacer para acaparar la atención de los presentes en la sesión de fotos (por cierto, unas quince personas entre representantes, amigos, familia e incluso la nueva perrita de Amaia, bautizada como Mafalda).

Se miran, se besan, se dicen lo guapos que están, se preguntan el uno al otro si los estilismos les convencen... Son exhibicionistas porque pueden: en cuanto se ponen a charlar en la entrevista bajan al mundo real permitiéndose un exceso de naturalidad que les hace ser de carne y hueso, con sus chistes, sus dudas y sus verdades.

Sólo dos almas gemelas como estas, capaces de concentrar en un 2x1 –y con tanta gracia– lo humano y lo divino, podían enfrentarse en un duelo de pregunta- respuesta. Así, sugerimos a la vocalista de La Oreja de Van Gogh la posibilidad de convertirse en periodista por un día: «¿Te atreverías a entrevistar a Bosé?» Ella, ni corta ni perezosa, aceptó de inmediato. El resultado es esta charla, amena y distendida.

Expliquemos el por qué de Papito.
Porque así me llaman quienes me conocen bien, Papi, Papito...

Para celebrar tu treinta aniversario en la música publicas un doble CD con treinta dúos. ¿Cómo hiciste la selección de cantantes y temas?
En el primer CD hay quince canciones mías en las que he invitado a quince amigos para celebrar con ellos este cumpleaños. La verdad es que la gran mayoría –tú, entre ellos– ha escogido el tema que quería cantar, así que la selección real la habéis hecho vosotros. Ricky Martin tenía claro que quería interpretar Bambú; Julieta Venegas, Morena mía; Paulina Rubio, Nena; tú, Sevilla... Este CD es genial para desmentir que mis canciones son intocables. ¡Mentira! Son perfectamente adaptables a la actualidad, y así lo demuestran estas versiones refrescadas.

Dúos con solera
¿Y en el segundo, qué encontramos?
Hay once de los mejores dúos que he ido grabando a lo largo de mi carrera (con Carlos Berlanga, Noa, Ana Torroja, Rafa Sánchez, Armando Manzanero...); dos canciones nuevas (con Placebo y con Mina), y un dúo inédito...

... con Chavela Vargas.
Sí, lo grabamos hace siete años, pero como nos peleamos, no lo metió en su disco. Como era de esperar, a los tres días nos reconciliamos, pero ya era demasiado tarde para incluirlo...

Una de las sorpresas de este álbum es la canción que compartes con Bimba.
Es una gran sorpresa para quienes no saben que mi sobrina tiene una voz privilegiada. Víctor Manuel, en una de sus canciones, decía algo así: «Todos deseamos que nuestros hijos nazcan con el gen de la suerte.» Y Bimba lo tiene.

¿Y tú, no?
Bueno, hay un ADN disponible pero luego hay mucho trabajo que hacer.

También llevas tres décadas siendo un icono sexual para hombres y mujeres. ¿Cada vez que te hacen sentir así es como si te dieran un chute de botox?
Cada día estoy más convencido de que hay mucha predisposición por parte de la gente a seguir viéndome así. Es la fuerza de la costumbre.

Antes interesante que guapo
Bueno, yo he de decir que tu capacidad de seducción traspasa lo puramente físico. Tienes algo en tu mirada, en tu actitud –y eso unido a que estás como un tren, claro– que...
Me gusta más que me consideren interesante, atractivo o morboso que guapo, porque es un concepto anónimo y anodino que carece de personalidad.

¿Cuál consideras que ha sido el momento más especial de tu carrera?
El primero. Cuando veo las imágenes de nuevo me da la sensación de que ese Miguel es mi hermano pequeño. Lo miro con ternura... se me cae la baba.

Te refieres a tu debut televisivo en el programa Martes Fiesta, de José María Íñigo, y en el que cantaste a la ya famosa Linda.
Así es. Estaban todos: mi padre, mi madre... pero no me sentí presionado porque en la adolescencia vives en una dimensión paralela en la que estás medio anestesiado. Recuerdo que ¡tenía un calor de miedo! Me arremangué el traje de Pedro del Hierro, iba con zapatillas (porque la gente de mi generación no se ponía corbata ni zapatos) y llevaba un pañuelo para secarme el sudor que me puse inmediatamente en el bolsillo cuando me dijeron: «¡Tienes que salir!» Ya ves, todo improvisado; pero lo fuerte es que aquellos pequeños accidentes estilísticos se convirtieron en moda. Al llegar a casa recibí una llamada de Joan Manel Serrat y me soltó sin más: «Hijo mío, no sabes la que te espera; eres un cabrón.»

¿Pero, lo recuerdas con cariño?
Claro. Yo soy un tipo muy agradecido. Gracias a Linda, hoy en día estoy haciendo Velvetina. Además, fue una época muy buena a nivel musical porque me dieron una gran libertad. En aquellos años pasaba una cosa que ahora ya no ocurre y que ha provocado que la industria se vaya a la mierda: se valoraba a los artistas y se apostaba por ellos.

Aunque vienes de una familia de artistas y gente creativa, ¿cómo se tomaron tus padres eso de que el niño quisiera dedicarse a la canción?
A mis padres les daba igual. Yo creo que lo que estaban deseando es que encontrara un oficio (ríe). Les daba lo mismo que fuera carpintero, cura o cantante. Seguro que pensaban: «¡Vete de casa ya, y quítate de en medio!»

Crecer rodeado de mujeres de carácter tan fuerte, ¿te ha hecho desarrollar más tu parte femenina?
Sí, naturalmente. Y es perfecto porque para que un hombre sea equilibrado ha de desarrollar las dos partes, si no, nunca estará ni se sentirá completo. Las mujeres, que son unos seres muy inteligentes, son como las tigresas: te pegan zarpazos antes para que luego, cuando te lleguen en la vida, ya los conozcas y estés preparado. ¡Imagínate lo que me han enseñado las siete tigresas de mi familia!

El hombre acordeón
¿Sabes qué es lo que creo que te hace muy femenino y muy cercano a nosotras? El hecho de que engordes y adelgaces con tanta facilidad...
Es inevitable. Cuando me meto en el estudio a componer, me abandono. ¡Entro en un estado de ansia! Soy el hombre acordeón, y cuando me pongo a escribir temas, mi relación con el espejo desaparece. Me crece el pelo, la barba... Y un buen día me miro y veo... ¡un globo de mar! Pero, bueno, te diré la verdad: desde que ha aparecido el Photoshop... ¡Me da una pereza ponerme a dieta!

A mí también. Por cierto, dijo Jean Moureau: «Cuando salgas al escenario, sal a hacerle el amor a todo el público. » ¿Para cuándo tu próxima orgía?
En mayo comenzará la gira. De todas maneras, a mí me gusta más follar que hacer el amor, pero entiendo que es un acto más íntimo y que con el público hay que ser más elegante. Cuando cantas sobre un escenario tienes que personalizar lo que estás diciendo; las veinte mil personas que han ido a verte tienen que tener la sensación de que en algún momento del concierto les has mirado a los ojos. Tienen que darse por aludidos. Y si eso funciona, empiezan las calenturas.

Tiempo para mermeladas
Pero los conciertos se acaban. Tras una actuación y tras pasar por esos instantes de cariño multitudinario, llega el momento de quedarse solo en la habitación del hotel con el mando de la tele. ¿Cómo te sientes entonces?
Por norma general, una vez terminado el concierto, es obligatorio que todo mi equipo empiece a llegar a la habitación. La única excusa posible es que esa noche se hayan echado un ligue. Porque, si no, me hundo en la miseria, no hay Discovery Channel que te apacigüe. Te sientes como un lomo envasado al vacío.

Han pasado treinta años. Cuando te miras al espejo, ¿a quién ves?
A Miguel. Me prometí a mí mismo que me dedicaría a esta profesión siempre que me quedara tiempo para hacer mermeladas. Es decir, mientras tuviera tiempo para mí, para mis amigos, para nutrir mi vida. Si después de todo, uno no es capaz de encontrarse consigo mismo, la locura está acechando a la vuelta de la esquina. Así que... ¡ya sabes, Amaia! No te olvides nunca de ti misma...

Pero no has tenido un hijo...
¡¡Y quién te dice que no lo tenga!!

¡Con la que está cayendo! A ver si cualquier día tienes que hacer un improvisado comunicado de prensa...
No creo. Yo las elijo discretas (ríe).

Estoy leyendo el libro de Gabriel García Márquez Memorias de mis putas tristes. En él dice algo así como: «Me paré pensando que la vida era tan larga, que se me ha pasado.» Siempre pensamos que hay tiempo para todo y luego se nos escapa. Por tanto, Miguel, queremos ¡ya! un hijo tuyo. Y si lo tienes, es el momento de hacerlo público.
¿Tú crees? Vale, te haré caso...